Todos hicieron la misma promesa. Desde el escenario, desde la platea o desde los palcos (a viva voz o en el silencio profundo del alma), le aseguraron a la nube de agua mezquina que ronda el Ambato que le iban a consagrar el canto si les daba a cambio la mansedumbre de su lluvia. Tal fue el espíritu de intimidad que envolvió la presentación de "Coplas de ausencia", el disco que grabaron Josué Escudero y Juan Ernesto "Pucho" González. A pesar de que el marco fue el solemne teatro San Martín, cada una de las canciones tuvo un sello particular: el de la comunión criolla de las guitarreadas entre amigos.
Ellos lo dejaron en claro desde el principio: el disco nació y se gestó en los asados que casi todos los jueves realizan en Las Lajitas, Salta, donde ambos músicos viven y trabajan (son ingenieros agrónomos). Por eso, la intención del recital fue regalarle al público algo de esos encuentros. Y lo lograron. Arrancaron con "Coplas de Ausencia", "Zamba de la palomita", "Como arbolito en otoño", "Ojos reidores" y "La anteña". Josué a cargo del bombo y Pucho, de la guitarra rítmica. Carlos Ibáñez los acompañó y adornó cada canción con punteos y contrapuntos.
Como para hacer hincapié en el espíritu de amistad de una guitarreada, Josué invitó al tucumano Juan del Pozo a lucirse con el bombo. Con él en el escenario interpretaron "Dale, dale chacarera" y "La vuelta del santiagueño". Una mención especial merece este bombisto: su técnica para darle a los parches sorprendió al público, que lo aplaudió a rabiar.
En un momento, Pucho e Ibáñez salieron del escenario y quedaron Juan y Josué. Con la polenta que lo caracteriza, arremetió "Ya que han pedido que cante" y sacudió el teatro con "La Yerra", una de las descripciones más fieles y apasionadas de las tradiciones criollas. El espacio solista de Pucho fue un contrapunto a la potencia de Josué. Con suavidad y dulzura interpretó sus propias composiciones, como el bailecito "Angelito de la Puna" (inspirado en un niño al que el destino condena a la soledad agobiante) y "Si por Jujuy", maravillosa zamba por la que fue ovacionado.
Nuevamente juntos en el escenario y tras emocionar al público con "Nube de Ambato", Josué recordó sus años de estudiante en Tucumán e invitó a Silvita, la hermana de Pucho y con quien compartió guitarreadas juveniles, a acompañarlos en un par de canciones.
El tramo final del recital incluyó "Luna cautiva", "Coraje de pescadores" (de Rafael, el hermano de Josué), "Por unos ojazos negros" y "Cuando el diablo anda en el vino". Los bises fueron homenajes: "Bajo el azote del sol", un duro y poético relato de la zafra tucumana musicalizado por el "Cuchi" Leguizamón que golpeó fuerte en el público, y "Anta mi caja de arena", que les llenó a los músicos los bolsillos de aplausos para las tierras salteñas en las que viven, trabajan y cantan.
Ellos lo dejaron en claro desde el principio: el disco nació y se gestó en los asados que casi todos los jueves realizan en Las Lajitas, Salta, donde ambos músicos viven y trabajan (son ingenieros agrónomos). Por eso, la intención del recital fue regalarle al público algo de esos encuentros. Y lo lograron. Arrancaron con "Coplas de Ausencia", "Zamba de la palomita", "Como arbolito en otoño", "Ojos reidores" y "La anteña". Josué a cargo del bombo y Pucho, de la guitarra rítmica. Carlos Ibáñez los acompañó y adornó cada canción con punteos y contrapuntos.
Como para hacer hincapié en el espíritu de amistad de una guitarreada, Josué invitó al tucumano Juan del Pozo a lucirse con el bombo. Con él en el escenario interpretaron "Dale, dale chacarera" y "La vuelta del santiagueño". Una mención especial merece este bombisto: su técnica para darle a los parches sorprendió al público, que lo aplaudió a rabiar.
En un momento, Pucho e Ibáñez salieron del escenario y quedaron Juan y Josué. Con la polenta que lo caracteriza, arremetió "Ya que han pedido que cante" y sacudió el teatro con "La Yerra", una de las descripciones más fieles y apasionadas de las tradiciones criollas. El espacio solista de Pucho fue un contrapunto a la potencia de Josué. Con suavidad y dulzura interpretó sus propias composiciones, como el bailecito "Angelito de la Puna" (inspirado en un niño al que el destino condena a la soledad agobiante) y "Si por Jujuy", maravillosa zamba por la que fue ovacionado.
Nuevamente juntos en el escenario y tras emocionar al público con "Nube de Ambato", Josué recordó sus años de estudiante en Tucumán e invitó a Silvita, la hermana de Pucho y con quien compartió guitarreadas juveniles, a acompañarlos en un par de canciones.
El tramo final del recital incluyó "Luna cautiva", "Coraje de pescadores" (de Rafael, el hermano de Josué), "Por unos ojazos negros" y "Cuando el diablo anda en el vino". Los bises fueron homenajes: "Bajo el azote del sol", un duro y poético relato de la zafra tucumana musicalizado por el "Cuchi" Leguizamón que golpeó fuerte en el público, y "Anta mi caja de arena", que les llenó a los músicos los bolsillos de aplausos para las tierras salteñas en las que viven, trabajan y cantan.